Excapilla del Asilo en 1885, Hoy sala de espectáculos
AtrásUbicada en la Avenida Pueyrredón 2501, en el barrio de Recoleta, se encuentra una edificación que encapsula una fascinante transformación a lo largo de la historia de Buenos Aires: la Excapilla del Asilo de 1885. Hoy reconvertida en una sala de espectáculos dentro del vibrante Centro Cultural Recoleta, este espacio es un testimonio arquitectónico de la evolución social y cultural de la ciudad. Su historia es compleja, pasando de ser un lugar de culto y caridad a un escenario para las artes, un cambio que genera tanto admiración como confusión para quienes buscan un recinto religioso tradicional.
Un Origen Ligado a la Caridad y la Fe
La historia de esta capilla es inseparable de la del complejo que la alberga. El edificio principal data de principios del siglo XVIII y fue originalmente el convento de los monjes franciscanos Recoletos. Tras la Reforma Eclesiástica de 1822, el convento fue expropiado y tuvo múltiples usos, desde escuela de dibujo hasta cuartel y hospital. A mediados del siglo XIX, con una ciudad en plena expansión y enfrentando nuevas problemáticas sociales, el lugar se transformó en el Asilo de Mendigos, posteriormente llamado Asilo de Ancianos General Viamonte. En este contexto, entre 1881 y 1885, se llevó a cabo una importante ampliación a cargo del arquitecto Juan Antonio Buschiazzo, quien diseñó nuevos pabellones y la capilla de estilo neogótico para servir espiritualmente a los residentes del asilo. Esta capilla, por lo tanto, no nació como una de las parroquias de la ciudad, sino como un espacio de recogimiento y servicio dentro de una institución de caridad.
Arquitectura y Valor Patrimonial
El diseño de Buschiazzo le confirió a la capilla un distintivo estilo neogótico, una corriente arquitectónica muy valorada en la época por su solemnidad y belleza espiritual. Los visitantes que hoy la conocen como sala de espectáculos aún pueden apreciar elementos de su concepción original, lo que genera una atmósfera única donde lo sacro y lo profano dialogan. Uno de los comentarios recurrentes de quienes la visitan, como lo refleja una opinión que destaca su "vista externa muito bonita", es la belleza de su fachada y su imponente presencia. El interior, aunque adaptado a su nueva función, conserva la estructura y el aura de su pasado, incluyendo un mural firmado por Francisco Paolo Parisi en 1906 que ha sido objeto de restauración. Todo el conjunto del ex asilo fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1948, subrayando la importancia de preservar su ecléctica combinación de estilos colonial, italianizante y moderno.
De Lugar de Culto a Escenario Cultural: Lo Bueno y lo Malo
La transformación más significativa ocurrió a finales de la década de 1970, cuando el asilo cerró y el edificio fue destinado a convertirse en el Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires (luego Recoleta). La capilla fue reacondicionada y, cien años después de su inauguración, abrió sus puertas como sala de espectáculos, hoy conocida también como Auditorio El Aleph. Aquí reside la principal dualidad del lugar, que puede ser vista como positiva o negativa dependiendo de la perspectiva del visitante.
El Aspecto Positivo: Un Espacio Cultural Vibrante
Para los amantes del arte y la cultura, la refuncionalización de la capilla es un acierto rotundo. El espacio ofrece una acústica y una atmósfera incomparables para conciertos, obras de teatro, ciclos de música y otras expresiones artísticas. Las reseñas de los asistentes a eventos, como una que menciona un "excelente montaje", confirman la calidad de las producciones que allí se presentan. La programación es variada y forma parte de la oferta del Centro Cultural Recoleta, un ícono del arte joven y de vanguardia desde la vuelta a la democracia. El hecho de que un edificio con tanta historia se mantenga vivo y relevante para nuevas generaciones es, sin duda, un gran logro. Además, cuenta con detalles prácticos importantes como una entrada accesible para sillas de ruedas.
El Aspecto Negativo: La Ausencia de Servicios Religiosos
Por otro lado, para el público que busca específicamente lugares de culto, el estado actual de la excapilla puede ser una fuente de desilusión. Su nombre y su arquitectura evocan la imagen de las iglesias y basílicas tradicionales. Sin embargo, es fundamental aclarar que este lugar ya no funciona como un templo católico. Aquellos que busquen Horarios de Misas, confesiones o cualquier otro servicio religioso no los encontrarán aquí. La función litúrgica ha cesado por completo para dar paso a una agenda cultural. Esta falta de actividad religiosa es el principal punto "malo" para quien llega guiado por palabras clave relacionadas con capillas o parroquias en un sentido espiritual. La información disponible, aunque clara sobre su rol actual, puede no ser evidente para todos a primera vista, lo que podría llevar a confusiones.
¿Vale la Pena la Visita?
La respuesta depende enteramente de lo que se esté buscando. Si el interés es arquitectónico, histórico o cultural, la visita es casi obligatoria. Es una oportunidad única para apreciar cómo un edificio puede adaptarse y contar diferentes historias a lo largo del tiempo. Se puede admirar la obra de Buschiazzo, sentir el peso de su pasado como asilo y disfrutar de una propuesta artística contemporánea, todo en el mismo lugar. Es un espacio que, a pesar de las intervenciones modernas de arquitectos como Clorindo Testa, Jacques Bedel y Luis Benedit en el resto del complejo, ha sabido mantener una identidad singular.
En cambio, si la búsqueda es estrictamente espiritual y se desea asistir a una ceremonia religiosa, es preferible dirigir los pasos hacia otras iglesias de la zona, como la cercana Basílica Nuestra Señora del Pilar. La Excapilla del Asilo es un monumento a la memoria y a la cultura, un escenario para el arte, pero ya no una casa de oración activa.