Ex-capilla Maria Auxiliadora
AtrásUbicada en la calle Rivadavia al 65, dentro de la emblemática Manzana Histórica de Viedma, la Ex-capilla María Auxiliadora se erige como un testimonio silente de una fe vibrante y un pasado cultural que hoy solo puede apreciarse desde el exterior. Este edificio no es simplemente una construcción antigua; es una pieza fundamental en el rompecabezas de la evangelización y educación salesiana en la Patagonia, y su estado actual de cierre permanente representa tanto un monumento a su legado como una notable pérdida para el patrimonio accesible de la ciudad.
Un Pilar de la Misión Salesiana en la Patagonia
La historia de esta capilla está intrínsecamente ligada a la llegada y consolidación de la obra salesiana en la región. Construida alrededor de 1890, su diseño y dirección estuvieron a cargo del sacerdote Juan Aceto, una figura clave en la materialización de la infraestructura salesiana en Viedma. La capilla fue consagrada el 29 de mayo de 1892 por el propio Monseñor Juan Cagliero, el Vicario Apostólico de la Patagonia, lo que subraya su importancia estratégica y espiritual desde su concepción. Formaba parte del complejo del Colegio María Auxiliadora, que, aunque hoy ya no existe en su totalidad, fue una de las primeras y más importantes instituciones educativas de la orden. De hecho, se considera que las estructuras asociadas al colegio son de las más antiguas del conjunto salesiano, resistiendo incluso la devastadora inundación de 1899 que arrasó con gran parte de la ciudad.
El valor de este lugar no era meramente local. Desde esta manzana, los salesianos proyectaron su misión evangelizadora y educativa a lo largo y ancho de la Patagonia. La capilla, junto con la Catedral, el Obispado y el Colegio San Francisco de Sales, conforma un conjunto arquitectónico de estilo neorrenacentista italiano, con sus características fachadas de ladrillo a la vista que se han convertido en un símbolo visual de Viedma. Un detalle que realza su prestigio es el altar de mármol, traído especialmente desde Italia por Monseñor Cagliero un año después de su inauguración, una pieza de arte y devoción que aún se conserva en su interior.
De Lugar de Culto a Espacio Cultural Cerrado
Con el paso del tiempo y la reorganización de las actividades religiosas, el edificio dejó de funcionar como lugar de culto regular. La ausencia de Horarios de Misas es una consecuencia directa de su transformación. En un esfuerzo por preservar su valor y darle un nuevo propósito, la ex-capilla fue reconvertida en un espacio cultural, funcionando como un anexo del complejo museístico salesiano y albergando recitales y diversas actividades. Se realizaron importantes esfuerzos de restauración, impulsados por el Colegio de Arquitectos de Río Negro, que incluyeron la réplica de la bóveda original, la conservación de los pisos calcáreos con sus motivos florales y geométricos, y la modernización de la instalación eléctrica para poner en valor su arquitectura interior. Estos trabajos buscaron entregar a la comunidad un espacio único, listo para ser disfrutado como centro cultural.
La Realidad Actual: Un Monumento Inaccesible
A pesar de su innegable valor histórico, arquitectónico y los esfuerzos invertidos en su conservación, el punto más desfavorable y crítico para cualquier visitante o residente es su estado actual: CERRADO PERMANENTEMENTE. La información oficial y la señalización en plataformas digitales confirman que el acceso al público está vedado. Esta situación es profundamente lamentable, ya que impide que las nuevas generaciones puedan experimentar de primera mano la historia contenida entre sus muros. La ex-capilla, que sobrevivió a inundaciones y al paso de más de un siglo, hoy se encuentra en una especie de limbo: protegida como Monumento Histórico Nacional dentro de la Manzana Salesiana desde 1986, pero inaccesible.
Para el viajero interesado en el circuito de iglesias y parroquias históricas, encontrar la Ex-capilla María Auxiliadora es un encuentro agridulce. Por un lado, se puede admirar su fachada y comprender su rol central en el desarrollo de Viedma desde el exterior. Por otro, la imposibilidad de cruzar su umbral es una decepción. No es una basílica imponente, sino una capilla de gran significado histórico cuya vida interior ha sido pausada indefinidamente. Quienes buscan conectar con el patrimonio religioso y cultural de la ciudad deben conformarse con observarla como una pieza de museo que no se puede visitar, un capítulo de la historia local que, por ahora, solo se puede leer desde lejos.